Llegar a la música por el camino de las palabras...

jueves, 23 de junio de 2011

Falso amor de plástico

"She tastes like the real thing my fake plastic love" (Radiohead, Fake plastic trees)

En un mundo materialista, en la Tierra del plástico, ella se enamoró de él, de un hombre de poliéster que solía dedicarse a la cirugía en los años 80.

Él se vendió como un ser perfecto, con una dentadura de blancos dientes y una melena dorada cuidadosamente peinada, el sueño de cualquier adolescente. Era, sin duda, el mejor producto que podía adquirirse en el mercado, tenía una gran fortuna en sus bolsillos y albergaba un futuro absolutamente dichoso para cualquier joven.

Supongo que ambos acabaron por gustarse. Y como todo amor correcto, se casaron, compraron una casa en Canary Wharf, tuvieron hijos y todo salió a pedir de boca, gracias a esta fantástica sociedad de capitalismo y consumismo. Pero un día la consciencia llegó hasta él. Sus preciosos hijos no paraban de pedir y pedir; y él no paraba de trabajar y trabajar; y su mujer, de gastar y gastar en maravillosos vestidos que no verían la ocasión de ser estrenados.

Fue entonces cuando el cansancio comenzó a reflejarse en su rostro y empezó a chillar, a gritarles a todos, a su perfecta familia. Se desmoronó, se consumió...
Deseó echar a correr, atravesar el techo volando, abandonarles a todos y salir de este mundo. Quiso morir pero no pudo.

Él había sido el primero en venderse y ella se había creído que su falso amor de plástico era auténtico. Ahora no puede abandonarla, pero tampoco puede evitar lo que siente, está harto de todo, está cansado de ella.

Y eso le consume, y eso le consume. Si pudiera ser siempre quien ella quiere que sea...

V

sábado, 11 de junio de 2011

Aquella gran sonrisa

"The record shows I took the blows and did it my way" (Frank Sinatra, My way)

Cuando se miró en el espejo, el caballero descubrió lo que llevaba tiempo temiéndose. Su rostro estaba surcado de arrugas, el cabello apenas tenía tonos oscuros, pues las canas le habían ganado territorio y el reflejo de sí mismo le devolvía una mirada cansada por el paso de los años. Se sonrió y descubrió que al menos su dentadura aún permanecía impoluta. Y empezó a recordar...

Rememoró los múltiples viajes que realizó y lo afortunado que había sido para haber nacido en 1915, y con ello se acordó de su esposa y de un sinfín de momentos de plena felicidad en esos cuarenta años que habían pasado los dos juntos, hasta que la muerte la hizo llamar. Dedicó un tiempo a cada uno de sus hijos y a los nietos que parecían haber llegado ayer al mundo y que, sin embargo, les había visto pasar de la infancia a la juventud.

Recordó numerosas noches en vela atrapado en el insomnio, enredado entre las sábanas, especialmente en sus años de adolescencia, durante los cuales se veía afectado por aquellos enredos amorosos que le llevaban por el camino de la amargura y que solían acabar con finales desastrosos. Soltó una carcajada, qué inocente era, ojalá pudiera decirle ahora a aquel muchacho que sería muy feliz con los años y que algunas mujeres solo le traerían problemas, pero que no se preocupara, que daría con la adecuada.

¿Lamentaciones? Sí, claro que tenía de qué arrepentirse, pero ahora qué importaba. Había pensado tantas veces en qué habría pasado si en vez de esto hubiera hecho lo otro y si hubiese ido allí en vez de... Pero lo cierto era que no se podía retroceder, que el pasado siempre quedaba impoluto por muchas vueltas que se le diese a los hechos en la cabeza. Cuánto había fantaseado a lo largo de su vida, a veces incluso llegó a vivir más en la ficción que en la realidad.

Río, lloró y pasó por todos aquellos momentos malos que a todos nos toca vivir, pero ahora, tras mirar hacia atrás, puede ver cómo se le iluminan los ojos a aquel extraño tan conocido que observa e imita cada movimiento en frente de sí. Su reflejo.

Lo afrontó todo y mantuvo la cabeza en alto y lo hizo a su manera.
Y no pudo evitar ensanchar todavía más aquella gran sonrisa que, a pesar de las apariencias, estaba plena de vida.

V

viernes, 3 de junio de 2011

Cierra los ojos y verás

"Let me take you down, 'cause I'm going to strawberry fields... nothing is real" (The Beatles, Stawberry fields forever)

La vida resultaría tan sencilla viviendo con los ojos cerrados, sin comprender nada de lo que vemos... Allí, en los campos de fresas, donde nada es real, donde no tendríamos que preocuparnos por la sociedad.

Todo parece un sueño, un sueño creado por nosotros mismos. Solo tienes que correr hasta ese delicioso jardín, tumbarte sobre la hierba, dejando que el olor a fruta penetre por tu nariz e intentar silenciar el violento sonido que provoca la caída de las bombas sobre la ciudad.
Ven conmigo, déjate llevar al campo de fresas. Para siempre.

Es como una droga que te invita a olvidar el dolor que hay a tu alrededor. No tienes que preocuparte del dinero que necesitas para alimentar a tus hijos, ni del semblante de desolación que asoma por la boca de tu pareja y se esparce por todo su rostro. No hay guerra. Nadie puede herirte ni hacerte débil, eres perfecto, eres unánime, eres el líder, el todo, eterno, inmutable.
Y estás solo.

No hay amor, ni deseo, tampoco odio, solo un falso placer con sabor a nada, procedente del intenso rojo de las fresas que olías desde tu casa.

Qué fácil es observar el mundo con tus bellos luceros apagados.

V