Llegar a la música por el camino de las palabras...

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La apuesta de Pascal

 "Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe." (Blaise Pascal)

-¡No puedo creerlo! –gritó el caballero del sombrero de copa-. ¿Para usted no hay nada más? ¿La vida acabaría aquí?
Realizó una breve pausa, que ocupó en realizar una reflexión y, acto seguido, continuó hablando, ya más calmado.
-Aunque me cueste, creo que puedo llegar a comprender que no crea en Dios, pero... ¿eso es todo? ¿No cree que exista algún Algo allá arriba?
-Ja, ja, ja, ¿por qué tendría que estar allí arriba? –preguntó el marqués sin disimular el aire de burla.
-Porque el espacio es infinito, como la perfección, como Él.
-Yo no creo en la perfección –aseguró ajustándose las gafas.

 -¿Usted piensa que no es perfecto? –volvió a interrogar el caballero.
-¿Yo? ¡Desde luego que no! –volvió a gritar y a reír-. Pregúntele a mi esposa, pregúntele a mi amante, pregúntele a cualquiera que me conozca de apenas unos segundos. Oh, no, caballero, me gustan demasiado los placeres –confesó el marqués mientras se señalaba su oronda barriga.
-Entonces sí cree que existe la perfección, aunque solo sea por el mero hecho de que  sabe que usted no la tiene.
-Oh, bueno, pero mire... es una forma de hablar, ya se sabe que yo no soy ningún erudito, que me gusta demasiado el juego y muy poco el retiro.
-No me cambie de tema –insistió el caballero del sombrero de copa.

-Muy bien, ¿quiere usted saber por qué no creo? ¿Ha paseado usted alguna vez por la calle? Ya sé que usted, caballero, proviene de buena familia y vive con todo lujo de comodidades, pero si saliera afuera y dejara a un lado todos sus libros filosóficos y no fuese a todas partes influenciado por lo que dicen las Escrituras como si de la misma palabra de Dios se tratase, se daría cuenta de que la gente no vive como usted ni como yo, ¡sino que mueren de hambre! ¿Cree que toda esa muchedumbre lo tiene merecido? Si es así, acabemos el debate ahora mismo, pero si no lo cree, dígame, ¿eso lo ha decidido vuestro misericordioso Dios?
-¡Dios nos otorgó el libre arbitrio a todos los hombres! Él nos crea, pero nosotros actuamos. No elige quién será pobre ni quién será rico.

-¿No cree pues, en el castigo divino? -preguntó intrigado el marqués.
-Lo cierto es que no.
-¿Y de veras es capaz de comprender mi escepticismo?
-No, eso no.
-Pues bien, le diré algo, yo creo en los hombres, creo de veras en su palabra, confío mi vida a los humanistas, a aquellos que piensan que el ser humano hará grandes cosas y que está en el mundo para mejorar las condiciones de éste y superarse cada día.
-¿Y no le da miedo la muerte?
-Por supuesto, de hecho, me aterra la muerte. Es más, le confesaré algo, le tengo envidia. Envidia porque Dios le otorgó a usted la gracia divina; depositó una fe invencible que le asegurará la felicidad del alma cuando su cuerpo muera.
-¿Por qué cree que a usted le condenó a no encontrarla?
-Creo que, si seguimos suponiendo que Dios existe... Mmm, Él debe ser muy sabio...
-Claro, el más sabio de todos, es perfecto- interrumpió el marqués.
-Por supuesto. Creo que Él sabía que no conseguiría seguir el camino de la virtud aunque supiese de Su existencia, por lo que prefirió hacer de mí un ignorante, para que así, al menos, disfrutase de la vida terrenal.
-La apuesta de Pascal –sintetizó el caballero del sombrero con una teoría filosófica.

-Exactamente, al fin y al cabo, usted y yo no somos tan diferentes, cada uno eligió su teoría y según ésta dirigimos nuestras vidas.
-Entonces, querido amigo, que gane el mejor.
-Creo que Blaise Pascal diría que gane el más afortunado.
-Lleva razón- accedió el marqués-. En fin, un placer hablar con usted. ¿Le veo mañana para tomar el té?
Se estrecharon las manos.
-Sin duda alguna.

El marqués se colocó su capa y se dirigió hacia la salida del café. Entonces, el caballero del sombrero de copa rememoró algo y le gritó:
-¡Recuerde que Pascal era jansenista! ¡Por lo que él apostó por la gloria divina!
El marqués sonrió.
-Y usted sabe a ciencia cierta que su alma está en el cielo y no condenada a vivir en su cuerpo enterrado, ¿verdad?
El sabio caballero no contestó, simplemente le devolvió la sonrisa al marqués.

V

2 comentarios:

  1. Me gusta como ha evolucionado tu estilo. No tengo mucho criterio para alabarlo o criticarlo, pero soy un lector y esta entrada es muy amena.

    Tiempo sin pasarme por acá.

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  2. que agradable, y pulcra entrada, me recordó a Stendhal ...^^,,, a sido genial leer este fragmento... creo que tus estudios han maquillado y definido tu prosa... he observado tu imagen en el costado, eres muy hermosa...^^
    un beso.
    Leonard

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