Llegar a la música por el camino de las palabras...

domingo, 11 de septiembre de 2011

Jaque mate

"Now the sweet veils of mercy drift through the evening trees." (Bruce Springsteen, My city of ruins)

-Peón a D4 –dije.
-Caballo a C6. 
-Reina a F5. 
Observé a John, tenía el ceño fruncido debido al exceso de concentración que estaba ejerciendo. No era una partida de ajedrez como tantas otras. Estaban en juego dos billetes de vuelo.
John sonrió. 
-Jaque. 
-¡Mierda! –grité-. Reina a C5. 
-Checkmate –sentenció con su acento inglés. 
-Estaba casi, lo tenía... –me lamenté. 

Ambos comenzamos a recoger el tablero. John no paraba de reír mientras yo le fulminaba con mi mirada de odio. 
-Darling, have to pack your things! New York waits for us! –gritó a su mujer. 
-Oh my God! –Catherine no salía de su asombro-. Era 50%, desearía poder todos ir. 
Mi esposa se acercó y la sonrió. 
-Así es el juego. Pasáoslo muy bien y haced muchas fotos. Ahora Alberto se pasará todo el día jugando al ajedrez con la esperanza de ganaros la próxima apuesta. 
-Y creedme que la ganaré –amenacé con una sonrisa-. Bueno, chicos, llamadnos cuando estéis en la Estatua de la Libertad. 
-Al menos nos invitaréis a vuestra casa en Dublín cuando volváis, ¿no? Ja, ja, algo tendremos que ganar... –persuadió mi mujer, y la esperanza de pisar suelo irlandés me alivió, aunque solo fuera un poco, del enfado. 
-Of course. Vosotros siempre bienvenidos a nuestra casa- dijo John, mientras recogían sus chaquetas. 
Les acompañamos hasta el vestíbulo y nos despedimos de ellos deseándoles un buen viaje. 

Aquel día, cuando me fui a la cama, todavía me dolía el haber perdido la apuesta. 

... 

-¡Cielos! ¡Alberto, ven, corre! 
-¿Qué ocurre Laura? –pregunté desde el pasillo. 
-Corre, ¡coge el teléfono, llama a John y a Catherine! 
“...Al parecer una avioneta acaba de estrellarse en Nueva York contra las conocidas Torres Gemelas. Son los rascacielos más altos de la ciudad, allí, de Manhattan. Ricardo Ortega, buenas tardes, ¿con qué consecuencias?” –se oía la voz de Matías Prats desde el televisor. 
Llegué al salón. No podía ser. Marqué el número corriendo. Lo cogió ella. 
-¿Alberto? 
-Cath, ¿estáis bien? 
-Sí, sí –contestó enseguida. Apenas se la escuchaba. Al otro lado del teléfono se oían gritos histéricos-. Está todo lleno de humo-. Tosió y tardó unos segundos en continuar, atragantada-. No sé, I don’t understand, qué ocurre... 
De repente se oyó un estruendo al otro lado del teléfono. Mi mujer gritó, Catherine gritó. 
-Catherine, Cath, Cath, ¿estás ahí? ¿Me oyes? ¿John? 
-Dios mío, ¿no contestan? –me preguntó Laura. 
Miré a mi mujer, pero no fui capaz de articular palabra. Las lágrimas ya resbalaban por sus rosadas mejillas. 
Ignoro si fue por los nervios o si quizá, ella, ya se estaba temiendo lo peor... 



“Bueno, bueno, y ahora, ahora, de repente una explosión.” (Matías Prats)
“Otra, es que, otro avión volando muy bajo, otro avión... parece que se ha podido...
Matías, no alcanzo a decirte lo que ocurre, pero ha habido otra explosión, sí, en efecto, ha habido otra explosión. Eh... lo que aprecio desde aquí, a salvo fuego y un...” (Ricardo Ortega)
“No, la otra Torre, Ricardo, ¡la otra Torre! ¡Ha impactado en la otra Torre! Y además, en, en una zona más baja aún. Dios santo, es otro avión... parece, el que se ha estrellado en la otra Torre.” (Matías Prats)

En honor a las víctimas de los atentados del 11S.

V

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