Llegar a la música por el camino de las palabras...

domingo, 13 de noviembre de 2011

Cum clave

"No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas." (Paulo Coelho)

Día tras día, poco a poco, sin poder evitarlo, nos alcanzó la monotonía.
Era más dura que las discusiones y que los días alejados el uno del otro. Era una sensación que empezaba por los pies y acababa por la cabeza, que nos llenaba de parsimonia y aburrimiento, era un querer hacer cualquier cosa menos las que nos llevaban el uno al otro.
El número de "te quiero" había sobrepasado su límite y nuestra peculiar manera de decirnos que nos amábamos había quedado obsoleta. Ella me dedicaba medias sonrisas de vez en cuando; yo le tocaba la mano, como si intentase reanimarla. Pero al acabar el día, el sueño nos comía sin habernos comido entre nosotros primero.

Conforme pasaban los días, los meses... un miedo empezó a unirse a esta sensación. Pensé en llevármela lejos, a aquellos lugares que una vez compartimos, pensé en regalarla algo, algo que supiera que le iba a gustar... Pensé en tantas cosas, pero no pude hacer ninguna. Las circunstancias no eran favorables, no éramos una pareja normal, no, en absoluto, quizá por eso nos habíamos enamorado con tanta intensidad al principio, quizá por ello ahora el miedo era terrible.

Al final me decanté por escribirla una carta, mientras ella estaba en el trabajo. Hice varios borradores, aunque ninguno decía lo que quería contarla. Cómo no, acabó por sorprenderme cuando aún no había acabado.


Se acercó un poco a mí y se quedó mirándome, muy intensamente. Sentí que me atravesaba y que podía leer las líneas que le estaba escribiendo, aquellas que confesaban cuánto temía perderla, aquellas que proponían cualquier cosa con tal de poder seguir junto a ella, como antes, aquellas en las que manifestaba mis sentimientos con la misma pasión de siempre.

Pero aunque me observaba, estaba inmóvil, parecía un fantasma y habría jurado que estaba helada, aunque no la llegué a tocar. Parecía estar al borde de las lágrimas. Me levanté y me acerqué hasta ella, dejando la carta encima de la mesa.

-Eh, ¿qué ocurre? ¿Estás bien? -pregunté en un susurro.
Me miró a los ojos y juro que deseé morir allí mismo.
-Carlos, no puedo más, lo siento.
-Pero...
-No digas nada, por favor, no quiero hacer las cosas más difíciles.

Me marché, sin saber si leería la carta. Si aún me quería lo haría, pero si había dejado de amarme... daba igual que la leyera o no, no volvería a sentir su piel contra la mía.

Aquel día salí a la calle y me desplomé sobre el suelo, grité de agonía y desesperación. No sé cuánto tiempo estuve sobre el suelo mojado, solo sé que pasó... Pero siento deciros que no todo pasa, hay cosas que se quedan en el alma para siempre, guardadas bajo llave. Ella era una de esas cosas, un inestimable tesoro custodiado con candado.

V

1 comentario:

  1. Tesoros... quizá por esto todo pirata, mas allá de reclamarlo y poseerlo, un buen día decide enterrarlo.
    me agrado el fragmento.^^
    un beso, preciosa.

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