Llegar a la música por el camino de las palabras...

martes, 13 de diciembre de 2011

Postiza Navidad

"Los deseos de nuestra vida forman una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas." (Séneca)

El aire llevaba el típico sabor a castañas y frío del mes de diciembre. Carolina, ilusa, con su gorro de lana que le tapaba las orejas, depositaba todas sus esperanzas de futuro en aquella larga cola de personas amontonadas que tiraban de ella hacia delante. 
Todos compartían la misma ilusión. La diferencia, quizá, residía en que Carolina era pobre, no pobre de amor ni de felicidad, sino pobre de pobre, de la típica pobreza española en la que tanto el padre como la madre llevan meses en el paro y no pueden permitirse gastar su dinero ni en una deliciosa napolitana de la Mallorquina.

Carolina era incapaz de contar cuántos gorros y guantes se apelotonaban frente al establecimiento de Doña Manolita. A todos se les veía felices. Madrid estaba llena de vida en aquellas fechas.
La gente pedía números y más números: la fecha de nacimiento de algún nieto, el día en que conoció a la persona que cambió su vida, el de la muerte de Michael Jackson... 
Carolina sonría al ver cómo la gente que se tachaba de supersticiosa, a la hora de elegir su número, se peleaba con uñas y dientes por conseguir el que pensaba que le traería buena suerte. Pero Carolina no podía sonreír, solo con imaginarse que el dinero que se gastaría en ese billete de lotería le abstendría de alguna comida en el futuro, provocaba que la tentación de huir de la fila la abrumase.

Pero soñar valía la pena...
En aquellos días de Navidad, a Carolina le encantaba pasear por la capital española, por mucho que pasasen los años, había cosas que siempre resistían al transcurrir del tiempo, y la calle Preciados seguía tan iluminada como iluminada parecía estar en las viejas fotografías de su madre. Fotografías de otro tiempo, en el que uno no se jugaba la vida a un billete de lotería como si apostase a un solo número todas las fichas de la ruleta.

Carolina no pidió ningún número en concreto, cuando el lotero la preguntó, ella simplemente se alzó de puntillas para llegar a la ventanilla y contestó:
-Por favor, señor, deme el número que me permita comer a mí y a mi familia hoy, mañana y todos los demás días. Pero no me dé el número que vaya a ganar, ése déselo a quien de veras lo necesite.

Carolina sabía que ella no tenía mucho dinero, ni una gran casa, pero sí sabía que tenía un hogar y que eso era lo que realmente se necesitaba en la vida y, sobre todo, en la Navidad. Algo de lo que no todos los que estaban en esa inmensa fila, sonrientes postizos, podían gozar.

V

1 comentario:

  1. Me parece brutal, en el buen sentido, el texto. El final con esas palabras de Carolina "cediéndole" el premio a otro que lo necesite más, y el retrato de una sociedad que sigue soñando. Me encanta.
    P.D: Muchas gracias por el comentario, me encantó la frase "Hay que empezar a cambiar el mundo y sacar más a bailar."
    Un beso!

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