Llegar a la música por el camino de las palabras...

jueves, 26 de enero de 2012

El Retiro

"Cualquiera que despierto se comportase como lo hiciera en sueños sería tomado por loco." (Sigmund Freud)

Cuando se sentaba en la hierba, apoyando la espalda sobre un árbol cualquiera, se sentía dueña de sus movimientos, se creía vivir en un mundo, aunque no fuera en el que quería estar. Pero a pesar de que sus sueños estuvieran lejos de la realidad, era totalmente consciente de que pertenecía a ella. 
Por lo que solo entonces, en el ardor de la primavera y el embelesamiento de los aromas frescos de aquellos días, se permitía el lujo de acudir a El Retiro, que la ayudaba a abrir sus fantasías, a las que se entregaba plenamente. Sacaba un libro, un libro abierto, que colocaba sobre su regazo. 

Devoraba novelas del Romanticismo cargadas del ensalzamiento a la naturaleza, y con ellas se sentía observadora de un cuadro de Caspar David Friedrich, e incluso protagonista de él y de esas páginas que olían a libro antiguo. 
Ello la embargaba. La mezcla de aromas producía un maremoto en sus sentidos, y las palabras captaban su excitación, en la que se volcaba hasta llegar a la ensoñación. Ésta, a su vez, la sometía a un profundo sueño, para el que saber interpretarlo no era necesario ser todo un Freud del tema. 

Era en esos instantes cuando salía del mundo al que pertenecía. Se alejaba de su realidad y se acercaba a otra, a la de la nostalgia, a la de momentos compartidos en esa confusión de aromas. A la de otro cuerpo, a la de la agitación y el pecado. 
Por ello la lectura la hacía sentirse a gusto consigo misma, porque la hacía olvidar la mierda de vida que llevaba, en la que había vendido sus sueños a cambio de mantener un orden. Orden que no la satisfacía, orden que la hundía cada día más y más en la miseria. Orden del que se sentía presa. 

 (Fotografía realizada en El Retiro, enero de 2012)

Y solo el Parque del Retiro era capaz de conducirla de nuevo a la belleza, al amor, al deseo... y a su extinguida y fugaz felicidad.
No era de extrañar, entonces, que suplicase a Morfeo que le hiciera presa.

V

5 comentarios:

  1. Y ese espacio de libertad, al que siempre añoramos volver, por el cual peleamos y nos resistimos, y que siempre esta dentro de nosotros, mas no siempre podemos llegar a el... Si tengo temor, es de que ese espacio sea invadido por mi ser y pensamiento transformado a imagen y semejanza de la realidad.

    ***
    Yo tengo que darte las gracias por tu hábito de escribir ideas extrañas y hermosas en estos lugares. Mis maestros de cálculo y vectorial aseguran que la práctica hace al maestro, asi que me quito el sombrero ante vos (razones para usar vos: no saber si es conveniente usar "tú" o "usted"). Espero seguir teniendo la satisfacción de leerte por más tiempo. Be happy ;)

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  2. que sucede en tu vida
    '...lo pregunto debido al texto en si, creo es la primera vez que leo una palabra de aspecto grosero en tu prosa, quizá sea mi imaginación (si esta existiera realmente)...
    la psicología me ha cambiado de muchas formas, quizá por esa razón ya no publico, aunque suelo leer...
    espero tú realices lo que deseas y no permitas confundirte con el orden, que no te trasformes en una anomia...que tus textos no pierdan magia...
    cuídate preciosa...^^

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  3. Lo que daría yo por ir a ese lugar...
    Genial la descripción de la situación, me ha encantado!
    Muaaa

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  4. Acá estoy, más cerca de ti de lo que crees. No pienses que por que he dejado de publicar he dejado de escribir y mucho menos que ya no te leo; la universidad me tiene llena la cabeza y en otro blog estoy consignando nuevas ideas, uno escondido, políticamente incorrecto, liberador, mío.

    Tenemos que revivir nuestra conversación epistolar, tengo cosas que contarte y otras tantas que preguntarte. Recién llegó un nuevo profesor a la universidad que vivió poco más de veinte años en Madrid, su acento y sus historias me recuerda tus cartas.

    No es más, sólo quiero les llegue pronto la primavera.

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  5. Espero que esta entrada no sea autobiográfica entre las líneas 19 y 21 (sin contar la cita de Sigmund Freud). Viajar de vez en cuando a mundos diferentes es incluso necesario, me atrevería a decir. Me gustaría visitar uno del que fueses arquitecta.

    Un abrazo

    Paramédico

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