Llegar a la música por el camino de las palabras...

lunes, 9 de enero de 2012

Colchones de cartón

"¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!" (Groucho Marx)

Gustaba de levantarse temprano y alojarse por instantes en la calle de Serrano.

Llevaba como única prenda de vestir un abrigo de falsa piel que le llegaba hasta los talones, bajo éste, solo ropa interior de hacía un siglo. Paseaba moviendo en exceso las caderas, deleitándose al observar los escaparates de Massimo Dutti, Gucci, Cartier y Charles Jourdan, así como las joyas de Perodri, los relojes Rolex y los vestidos del recién fallecido Adolfo Domínguez.

Ésa era su vida. A veces fantaseaba con acabar casándose con uno de esos millonarios que salían de las tiendas con cientos de bolsas para la mujer que les esperaba en casa. En alguna ocasión se había atrevido incluso a acercarse a alguno de ellos y hasta a propinarles una sensual caricia, pero el verse a sí mismos disfrutando de placeres prohibidos con una joven de clase muy inferior a la suya, les hacía huir sin mirar atrás hasta llegar a la seguridad de sus Mercedes.

La realidad de la noche era mucho más dura, el abrigo de piel falsa se convertía en edredón y un trozo de cartón hacía las veces de colchón. En esa oscuridad, en la ausencia de estrellas como es propio en la capital, el ruido de los coches martilleaba sus oídos impidiéndole conciliar el sueño. En alguna ocasión algún que otro graciosillo se atrevía a tocarla como no lo había hecho ningún millonario, y en otras, la robaban hasta el abrigo, dejando su morena piel a la intemperie.


No era una buena vida. A veces le echaban algo de dinero durante el día y se compraba algo de comida en las pequeñas tiendas de alimentación. Cuando podía dormir tranquila en el suelo o, con mucha suerte, en un banco, daba gracias a Dios y rezaba todo cuanto sabía, ésas eran las mejores noches. Otras, le despertaba un guarda de seguridad a las dos de la mañana, ocioso en su patrullamiento, y le decía con voz cansina que no podía dormir allí, que ésa era una buena calle.

Entonces ella se preguntaba cómo de buena debía ser una para poder pasear por una buena calle.

V

1 comentario:

  1. Y miles de almas a su alrededor no tienen el menor interes en un ser que no vive como ellos

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