Llegar a la música por el camino de las palabras...

martes, 25 de diciembre de 2012

Ya ha llegado Papá Noel

"Bebo para olvidar que soy un borracho." (Antoine de Saint-Exupéry)

Carcajadas de las pequeñas en el coche, la radio sonando a cascabeles, mi esposo diciendo ho ho ho y yo discutiendo con él para que no hable de Papá Noel a las niñas, que es muy americano. Todos tarareamos La marimorena mientras las ruedas corren por la fría carretera.

Llegamos al pueblo. Mi marido y mis hijas lo estaban deseando, veo a mis padres apenas una vez al año, pero a mi esposo le caen bien sus suegros y para las niñas siempre es una alegría estar con los abuelos.
Bajo del coche y me llega el olor de la infancia, que para mí siempre será el de la leña y las castañas asadas. Mis hijas salen corriendo al interior de la casa y mi marido las sigue. Mamá está en la puerta, las besa y entabla un par de frases amistosas con mi esposo. Cuando llego yo, me abraza y le corren un par de lágrimas por el rostro, "no sabes cuánto te echamos de menos", me confiesa, y yo la creo.
Paso al interior y recorro el pasillo, papá está en el salón junto al árbol rodeado de regalos, sonriente de estar cerca de sus nietas, y le veo esconder un par de piruletas en los bolsillos del abrigo mientras están distraídas con los adornos; le da unas palmaditas en la espalda a mi marido y le pregunta qué tal el viaje.
Acto seguido, mi esposo y las pequeñas salen hacia el comedor, quieren ayudar poniendo la mesa antes de abrir los regalos.

Me acerco a mi padre, a quien se le contagia la mirada de pena con solo verme y pasa el dorso de su mano por mi mejilla, en lo que intenta ser una delicada caricia. Entonces dentro de mí algo se activa, me alejo hasta el fondo de la habitación, las manos me empiezan a temblar, un sudor frío recorre mi frente y papá me mira, asustado, pensando que estoy enferma, pero yo ya solo puedo ver aquellos ojos que me sorprendían en mitad de la noche, cuando yo gritaba y me aferraba a la cabecera de la cama, mientras el olor a ron y Marlboro nublaban mi cabeza, a la vez que sus manos manoseaban mi cuerpo, buscando el bajo de la falda, y mis finos dedos intentaban arañarle la espalda.


"Ya ha llegado Papá Noel", me dice, y no puedo evitar soltar un débil chillido.

V

jueves, 20 de diciembre de 2012

Reloj de arena

"El primer síntoma de que estamos matando nuestros sueños es la falta de tiempo." (Paulo Coelho)


Encerrada en un reloj de arena, cogí el tiempo con las manos y se me resvaló entre los dedos. Cuántos minutos desperdiciados, acumulados en montañas de tierra... Ojalá pudiéramos detener el tiempo, situar horizontalmente el reloj de nuestras vidas, para darle la vuelta más tarde, cuando merezca la pena que siga corriendo. Y así, seguir vistiendo la misma piel y los mismos ojos ilusionados, y no ser nunca más polvo en un extremo amontonado.

V