Llegar a la música por el camino de las palabras...

martes, 16 de julio de 2013

Tediosa y hastiada

"Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores." (Winston Churchill)

En tensión, hablaban con rigidez, soltando, de cuando en cuando, hilarantes carcajadas de falsedad, llevando la conversación un ritmo previamente estudiado por todos aquellos seres que se encontraban compartiendo el salón; un mismo aire cargado de hostilidad que aspiraban en grandes bocanadas.
Augusto miraba pensativo la estela de humo que soltaba su cigarrillo y que se perdía en el aire, como si éste no pudiera contagiarse de la atmósfera de socialización obligada en la que se hallaba.

-¿Y no es verdad que la señora Valtierra tiene los crisantemos de su balcón algo secos? -decía Valentina a las muchachas-. Bien haría en contratar a una jovenzuela para que le riegue las plantas, que digo yo, que no es que a su marido le falte el dinero precisamente, con ese nuevo trabajillo que le ha salido...
-Si yo tuviera una así, desde luego que no la dejaría escapar -se entremezclaba la conversación del farmacéutico con los hermanos Castro-. Me pasaría el día entero bajo las sábanas.
A lo que tanto las mujeres como los dos hermanos respondían con un mero asentimiento de cabeza, mientras pensaban en si después irían a la fiesta de los Navas o a la de los Pedraza, así como en lo que convendría llevar puesto.
Al parecer de Augusto mejor haría en quedarse en su casa leyendo el diario o, simple y llanamente, durmiendo. No podía seguir fingiendo ya que pudieran resultarle interesantes los cotilleos a los que les sometía la anfitriona ni tampoco sonreír más al mujeriego del farmacéutico ni a los bobalicones de los Castro.

La costumbre había provocado que cada una de las vidas de los huéspedes allí presentes acabaran por solidificarse en una misma, tediosa y hastiada. Hasta el sábado, Augusto no se había sorprendido antes riendo por nada y a un par de decibelios más de lo estrictamente necesario y ese hecho, una sencilla carcajada, le había procurado el romper con la fatalidad de los días de fiesta en fiesta sin nada producente que enseñar ni, aún peor, que aprender.
De esta guisa, Augusto le dio agradecidamente una última calada al cigarro, se levantó del sillón de Valentina y con un "au revoir" se despidió de los demás burgueses, que ahora le parecían todos iguales, inmóviles de mirada perdida. Y al solo abrir la puerta y contemplar una calle como otra cualquiera, con sus gentes de acá para allá y los ladrillos de las casas en distintas tonalidades, descubrió que atrás dejaba el vacío y que allí fuera, encontraba el todo, el mundo, la vida.

V

5 comentarios:

  1. Ojalá fuera tan sencillo. Pero cuando te cansas de abrir puertas de los lugares que quieres dejar atras porque te llevan en círculos, ¿a qué recurrir?

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    1. Al final siempre acaban apareciendo puertas y calles que no habíamos visto nunca, por muchas que nos hayamos cruzado antes y que fueran lo mismo de siempre, ¿no crees?

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  2. Mi marido dice que el texto le recuerda a Chejov.

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    1. Vaya, me parezco a alguien que no he tenido el gusto de leer.
      ¡Al final me va a leer toda tu casa, camarada!
      Gracias, un beso.

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  3. Hallarse uno mismo es la clave que cierra la llave. El alma, la puerta. El Mundo, el tesoro :)

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