Llegar a la música por el camino de las palabras...

lunes, 26 de agosto de 2013

Su voz despojada de su persona por la llegada del teléfono

"Una voz que me llama y no quiere llamarme. Una voz que parece que se apaga al callarse." (José Bergamín)

Ahora al escucharlo parecíame otra su voz, quizá por ser la primera vez que sonaba de veras en mi cabeza, como si cuando antaño lo había tenido frente a mí ésta hubiese pasado desapercibida, escondida tras un rostro, unas manos o todo un cuerpo que habíame llamado más la atención que este otro maravilloso rasgo de él, evocado a través de unos labios que en este preciso segundo me eran imposibles de ver.
Y así, resultábame imposible que, un simple aparato, ser inerte, como podía ser un teléfono, pudiera acercarme a la persona que más quería y que se hallaba tan lejos de mí, aun estando tan cerca del alma.
Sus palabras cobraban el mismo sentido que hubieran podido atesorar de haber estado los dos juntos, cogiéndonos de las manos, e incluso a pesar de que los gestos habían desaparecido, los sucesivos giros en los que su voz entraba me hacían imaginar una mirada amable o, en caso de no agradarle lo que oía, una mueca de desaprobación.
Mas a pesar del tremendo goce que llegué a experimentar al descubrir todo lo que este nuevo invento podría aportarme, sería hipócrita aseverar que con ello mi corazón había logrado salir del torbellino de agitación en que se encontraba, pues ciertamente conocía bien que la llamada acabaría pronto y que no me podría valer de gritar su nombre, conseguir que se girara, así como de correr hasta él, para suplicarle con un beso que se quedara junto a mí.


Pues todo lo cual debí haberlo hecho hace tiempo ya, cuando él se subió a un tren de vapor y yo a uno de resignación.

V