Llegar a la música por el camino de las palabras...

miércoles, 1 de enero de 2014

(Como siempre) Feliz año nuevo

"Un hombre no aprende a comprender nada a no ser que lo ame." (Johann W. Goethe)

-Ponme un whisky.
-Siempre estás bebiendo.
-No, en realidad no.
-Nunca te veo sobrio.
-Eso no significa que esté siempre bebiendo.
-Ya, claro, lo que tú digas.
Siempre es una palabra inaccesible, metafísica diría yo, horrible, aún más que su antónimo nunca. Juntos para siempre... Me dan escalofríos.

Decía la verdad, no siempre estaba ebrio. De hecho, gustaba normalmente de pedir un zumo de naranja recién exprimido. Pero cuando iba con ella... cuando iba con ella siempre tomaba whiskys.
Se sentaron en el sofá. Leire no paraba de parlotear, siempre me ha parecido algo estúpida, pero eso tampoco ha evitado que dejara de sentirme a cada instante atraído por ella. Cuando te mira, lo hace con fijeza, es una mirada firme, intensa, aunque las más de las veces su cabecita rubia parece estar en otra parte, en un sueño quizá. Solo ella lo sabe. Creo que Aitor no ha soportado nunca que ella estuviese en otro mundo... puede que por eso beba, para enajenarse de la vida él también.
En cambio, yo creo que podría haberlo sobrellevado, y Leire lo sabe. Al fin y al cabo, me dedico a lo mismo que ella, a vivir de otra realidad, de otras vidas, de seres que no existen. Me encanta ser escritor, pero preferiría poder vivir de leer. Ya sabes, escribir es como vivir con uno mismo, de las ideas, de los deseos, de las emociones de uno. En cambio, al leer, al verme reflejado en los personajes de los demás, siento que no estoy solo. Siempre he creído que los personajes de los libros tienen algo, si no mucho, del escritor que los dio vida y éste, el escritor, no es una fantasía más, sino un ser de carne y hueso. Alguien con quien poder compartir conversaciones. Alguien como tú. Alguien como yo.

Faltaban quince minutos para las 12. El camarero nos trajo una copa de champagne a cada uno y un pequeño plato con doce uvas decoradas con lo que parecía sirope de chocolate. Miré a mi buen amigo Aitor, quien para las 12 estaría ya borracho, y luego miré a Leire y traté de perseguir su mirada, que parecía estar fija en las parejas que abandonaban la pista de baile para dirigirse a sus mesas.
Supuse que deseaba bailar ella también. Con Aitor, imagino, o quizá con cualquiera que no fuese Aitor. Yo bailaría con ella... Ahora mismo. Dejaría que nos dieran las 12 bajo la inmensa lámpara de cristal que se hallaba sobre el centro de la pista, esa lámpara que permite pasar por su través las luces de los focos, iluminándolo todo, iluminándonos a nosotros.
-Adrián, queda medio minuto, coge tu plato.


La voz de Leire cortó las alas de mis pensamientos, y entonces todos gritaron cinco, cuatro, tres, dos, uno... ¡Feliz año nuevo! Y ella besó a Aitor en los labios, mientras su mirada se dirigía con entereza a aquel ser que, como siempre, se hallaba tras él. La mano de Leire elevó la copa de champagne como si fuera conmigo con quien deseara brindar en ese primer íntimo segundo que daba la bienvenida al año nuevo.

V

3 comentarios:

  1. Uno de enero, el día perfecto para perseguir tus metas. Año nuevo, vida nueva. Un saludo, gran blog.

    Si tienes tiempo puedes pasarte por el mío y dejar una hélice.

    Charlie.

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  2. Este año me prometí brindar y llorar mucho más por las cosas pequeñas. Uno de esos propósitos, además, es leerte un poco más y escribir otro tanto (mis blogs ya se sienten algo solos), porque como dices en labios de uno de tus personajes, escribir es el acto más solitario y egoísta de todos, pero leer, es estar en comunión con otro.
    Nos estaremos leyendo, enigmática V a blanco y negro.

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  3. Espero poder volver un poco mas por este lugar, o eso espero y deseo.
    Es bueno al comienzo o fin de algo, ver si uno o tus cercanos son mas o menos de lo que aparentan a simple vista, o eso creo.
    Me agrada mucho tu forma de escribir, es simple (no por ello menos impresionante), y por lo mismo siempre me deja con las ganas de poder seguir haciéndolo.
    un beso, preciosa.
    Leonardo

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