Llegar a la música por el camino de las palabras...

martes, 29 de julio de 2014

Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver

"No puedo cambiar la dirección del viento, pero sí ajustar mis velas para llegar siempre a mi destino." (James Dean)

Esa vertiginosa sensación que se te echa encima cuando llega la bajada de una montaña rusa ha de ser la impresión que provoque saber que uno va a morirse próximamente. Kierkegaard decía algo así como que la angustia puede compararse con el vértigo. Saber que uno va a morir siendo joven aún debería ser esa angustia, ese vértigo. Sin embargo, yo no lo siento.

Últimamente la vida da estúpidas vueltas a mi alrededor. He estado pensando en cuando tenía dieciséis años, en las ilusiones, los fracasos y las renovadoras esperanzas. Nunca fui un muchacho alegre, pero deberíais mirarme ahora, siempre cabizbajo en un mundo de locos corrompido por sus gentes. Cuando cumplí los dieciocho pensé que sería guay comprarme seis cajetillas de tabaco y volverme un Lou Reed, en términos para nada musicales; pero no lo hice. ¿Sabéis cuántos cigarrillos me he fumado hasta la fecha? Ninguno. Supongo que al final opté por quedarme en casa jugando al Skyrim.

¿Sabéis qué también? No me he preocupado por mi aspecto. Ni siquiera he pensado en adquirir un traje para cuando llegue el día y, joder, si uno ha de pasarse el resto de su ¿eternidad? de alguna forma, digo yo que habrá de hacerlo un poco acicalado. En fin, que ni drogas, ni sexo, ni... nada. Eso sí, me he vuelto un tío culto. No sé por qué siempre me asustó la idea de no poderme leer los 129.864.880 libros que hace unos años dijo Google que existen en el mundo. Total, que aceleré mi marcha y creo que antes de palmarla conseguiré llegar a los 880 electos.


Me habría gustado dedicar mis últimas palabras a mi mujer e hijos, pero vaya, no tengo, es lo que tiene el puto cáncer. Bueno, ¿qué os voy a contar a vosotros? No es solo el cáncer, la vida es así. Unos mueren, otros viven y al de arriba no creo que le importe mucho quiénes sean los elegidos. Tampoco a mí me costó demasiado escoger 880 libros y dejar otros 129.864.000 en el camino. Pero no me compadezcáis, como yo no compadezco a James Dean o a Kurt Cobain. Ellos libraron su batalla y yo creo haber librado la mía, quizá no os parezca tan sugestiva como la de ellos, pero lo es. Todas las batallas son interesantes de contar y ser escuchadas, incluso las que nos cuentan nuestros abuelos.

No me va lo de dar sermones, ni mucho menos si han de ser morales, así que vayamos dejándolo ya. Creo que por muy seguro que os pueda parecer ahora, la angustia acabará tocando mi puerta con sus ásperos nudillos. Ese día llegará, lo sé, y supongo que pensaré en tirarme por la ventana o en darme un relajante baño para luego tratar de ahogarme a base de sales minerales. Sin embargo, no lo haré, igual que no me atreví en su día a que fuera el tabaco quien acabase conmigo. El deseo por la vida siempre ha tenido más fuerza y ése es el mensaje que quiero legar.

Nunca fui un muchacho alegre... pero al pensar ahora en la muerte, no sabéis cuánto agradezco la vida.

V

4 comentarios:

  1. Hace mucho que no pienso en la muerte, recuerdo alguna vez leer en algún libro que olvidarse que la muerte existe, es no recordar la propia vida. Quizá un mensaje que debo retomar.

    Me agrado la cavilación del chico.
    Un beso.

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  2. Ya sabes que te soy incondicional. Parafraseando a Carlos, brillante

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  3. Pues me ha encantado... Qué viva la imaginación, sí señor.

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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