Llegar a la música por el camino de las palabras...

martes, 2 de septiembre de 2014

El ideal

"Habló largo rato sobre el pasado, y comprendí que quería recuperar algo, quizás una idea de sí mismo." (F. Scott Fitzgerald, El gran Gatsby)

Condenados a dos mundos, el que soñamos y el que vivimos, pasan los días. Normalmente en el primero, formado por las etéreas alas de nuestra imaginación, el tiempo transcurre en una emoción continua, controlada siempre por un máximo creador al que todos conocemos bajo el nombre de el ideal. Por su parte, en el segundo mundo, los días se tornan monótonos, hasta que, de repente, en esa realidad que vivimos, se nos aparecen nuestros sueños, un nuevo amor comienza, y la perfección de ese día y los venideros es tal, que la existencia misma se transforma en fantasía.

Eso es lo que le pasó a mi compañero Arnaldo cuando se enamoró de mí.
Apenas sabíamos algo el uno del otro cuando empezamos a salir. Recuerdo que me llevó al teatro a ver una obra, supongo que vanguardista, donde los actores se desnudaban en pleno acto... Fue algo incómodo para una primera cita, sin embargo, he tratado numerosas veces de hacer memoria y, hasta la fecha, no he hallado una mejor.
Arnaldo era, y sigue siéndolo, una persona inusual, una de ésas que cuando encuentras te obligas a preservar. Acostumbrada a un mundo donde las personas tienen como libro de cabecera, en el supuesto caso de tener alguno, un manual acerca de la vida para indicarles que la suya no es aburrida, Arnaldo tenía a Rawls.
A las dos semanas de estar juntos creo que ya le había confesado todos mis temores y secretos. Sabía que estuve yendo a clases de ballet durante seis años y que actualmente no recordaba ni un solo paso, ni una mísera palabra en francés. Él me sonrió, podría haberse burlado o reído de mí, de mi inutilidad, de mi falta de memoria, pero no lo hizo. A cambio, empezó a enseñarme el lenguaje de la danza: Ne t'inquiète pas, me susurró al oído.

Al pensar ahora en ese instante, me doy cuenta de que en verdad Arnaldo nunca estuvo enamorado de mí, o al menos no de lo que yo ciertamente era entonces. Arnaldo tenía la esperanza, si no de que acabara convirtiéndome en una bailarina profesional, al menos sí de que escribiera una gran novela, una novela filosófica con personajes oscuros incapaces de encontrar su propia identidad.
Siempre me ha encantado la literatura, y el hecho de que Arnaldo se hubiera leído En busca del tiempo perdido o, mejor dicho, À la recherche du temps perdu, de principio a fin, me volvía loca.
Al cabo de un mes, yo ya estaba enamorada de él como nunca antes lo había estado, como nunca más lo volvería a estar.

Estuvimos juntos un total de siete meses, siete meses de idas y venidas, en los que yo escribía apenas cinco líneas a la semana, cinco líneas que ni siquiera eran buenas. Él siempre me apoyaba, me decía que al día siguiente ya escribiría más, que solo necesitaba concentrarme un poco, poner en orden mis ideas... pero nunca se me ocurría nada bueno. Con el paso de las semanas descubrí que él también escribía, y que lo que escribía eran cosas hermosas, cosas sobre el pasado, sobre mí, sobre nosotros.

Arnaldo había convertido mi persona en un ideal sacado de su propia mente y que yo nunca sería capaz de alcanzar. Me exigía demasiado... o puede que muy poco, apenas importa, porque quería que yo fuera, y él conmigo, algo que no éramos, algo que solo se ve en los libros, una fantasía de nuestro comienzo juntos. Quizá por ello insistía tanto en que escribiera.

Como decía, a los siete meses tuvimos que terminar con aquella majadería. No recuerdo quién dejó a quién, solo sé que si yo nunca llegué a ser el ideal de Arnaldo, él siempre fue el mío; así como que cada vez que intento empezar una relación con alguien, solo veo su falta de perfección en comparación con la que él tenía. 

Somos como ese tal Gatsby tratando de alcanzar nuestra propia luz verde, que un buen día llega hasta nosotros en forma de fantasía, pero que acaba por pasar de largo. Por ello, tenemos que recordar siempre que el ideal, oh, el ideal, como el pasado, nunca vuelve y que, incluso a veces, ni siquiera llega por vez primera.

V

4 comentarios:

  1. Uno cuando se enamora se seca y escribir se hace tres veces más difícil de lo que de por si es. Me pasó muchas veces, porque me enamoro de todas y en parte por eso dejé a un lado mi blog cuando resultó insostenible. En cambio me puse hacer cosas de gente posmoderna: tomar fotos en doble exposición, ver cine escandinavo sin dormirme y buscarle remplazo a Edgar Allan Poe. Hasta ahora me han funcionado mis nuevos pasatiempos, pero no dejo de extrañar de lejos mis viejos cuentos sin conflicto. Por tu parte, leo que dejaste el baile pero no has parado del todo de escribir, la constancia se nota en tu ritmo. Me gustan más tus comas hoy que hace dos años.
    Toda esta entrada se me antoja un poco paradójica, no sé hasta donde pensando en ideales ajenos te has olvidado que tú vienes siendo, o al menos tus letras, el ideal de todos aquellos chicos que escribíamos en el 2009 pendejadas sobre el amor y el mal clima y la luna en menguante. Al menos yo me leo en mis viejos blogs y no me reconozco y si mirara hacia adelante, desde esa época, quizá no me reconocería. Tú eres esa luz verde y algunos Arnaldos siguen su camino por la autopista.

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    1. Hola, Pablo, muchas gracias por tus halagos, me alegra mucho que hayas vuelto por aquí y me hayas dejado unas líneas acerca de ti e, incluso, acerca de mí misma. La verdad es que por muchas tonterías que contáramos entonces, se echa de menos la inocencia, o quizá la ilusión, con la que empezamos a escribir.

      Déjame reprocharte una pequeña cosa. Si bien es cierto que este relato dice mucho de mí, mucho más que otros que haya podido escribir, ello no significa que sea real. Yo no soy la narradora, la narradora aquí es otro personaje más o menos ficticio, como todos mis personajes. Curiosamente, he de admitir que lo de las clases de ballet sí es verdad...

      De nuevo, gracias, seguro que algún día acabas por rozar con los dedos tu propio ideal.

      Un abrazo, posmoderno,

      V

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  2. Siempre he deseado ser lo que logro a momentos e instantes del día ver en mi, en el espejo de alguna vitrina o en la sonrisa de alguien. No soy la mejor persona, tampoco la peor, solo soy lo que recuerdo de mi en los momentos cuando no tengo otra cosa en que pensar. Cada vez se me hace mas difícil escribir, no se donde lo leí, pero se supone que de no posee el tiempo suficiente para hacerlo, todo es debido a la falta de verdadero deseo, quizá se ha esfumado, pero el remordimiento por aquellos recuerdos donde las lineas y las historias eran una fantasía que llenaba los vacíos de una monotonía, me corroen. Aprender a ser feliz con aquello que la vida te ofrece y te causa agrado es extraño, ser responsable lo es, sonreír por lo que se ha colocado en tu camino, mas no lo ideal que preferirías. En realidad no reconozco por que me he extendido tanto con el comentario o a que viene mi cavilación, pero el hecho de razonar un poco, sienta bien.
    Un beso preciosa, siempre es momento de absoluta parsimonia y relajo leerte, me recuerda momentos diferentes, espacios de mi propio tiempo donde las cosas eran mas sencillas aunque no las creyera así.
    Cuídate, espero y escribas prontamente.

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    1. Pensamos en el pasado con nostalgia porque aún no conocemos el futuro. Es difícil sentir nostalgia por lo que todavía no ha sucedido, mas no imposible...

      Muchas gracias por tu comentario, Leonard, siempre es un placer encontrarte por aquí.

      Besos,

      V

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